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El debut bursátil de SpaceX: radiografía de un pelotazo histórico con más sombras que luces

Wall Street está que arde ante el que probablemente sea el mayor desembarco en bolsa de nuestra era. Con la esperada salida a cotización el mes que viene, bajo el ticker ‘SPCX’, SpaceX ha puesto por fin las cartas sobre la mesa al publicar su folleto S-1. Los números de la compañía espacial no dejan a nadie indiferente y plantean un escenario donde las promesas de la nueva economía chocan de frente con la dura realidad de los mercados. Elon Musk aspira a una valoración previa estratosférica de entre 1,675 y 1,75 billones de dólares, una auténtica barbaridad que eclipsa por completo la suma de todas las salidas a bolsa respaldadas por capital riesgo de la última década y que, casi con total seguridad, lo coronará como el primer billonario del mundo.

Para los fondos de capital riesgo que respaldaron el proyecto cuando apenas era una locura incipiente, la jugada ha salido redonda. Firmas como DFJ, Founders Fund, Craft Ventures y Thrive Capital, que metieron pasta cuando SpaceX ni siquiera valía mil millones de dólares, se frotan ahora las manos ante un evento de liquidez generacional. Este megaestreno no solo es una bendición para sus limited partners, sino que promete abrir la veda para que otros gigantes tecnológicos que están en capilla, como OpenAI o Anthropic, se animen a dar el salto a un mercado sediento de inteligencia artificial.

La verdadera máquina de hacer dinero (y de quemarlo)

Pero si rascamos un poco bajo la pintura del crecimiento exponencial —con unos ingresos consolidados de 18.670 millones de dólares en 2025, un salto del 33% interanual y una subida del 15% en el primer trimestre de 2026—, el cuadro financiero se vuelve bastante más complejo. Fabricar cohetes sale muy caro, y financiar inteligencias artificiales, más aún. SpaceX cerró 2025 con unas pérdidas netas de 4.930 millones de dólares, un agujero bastante más profundo que el de firmas como Palantir o CoreWeave.

Aunque originalmente nos vendieron SpaceX como una empresa de exploración espacial, quien está salvando los muebles es Starlink. La red de internet por satélite es la verdadera vaca lechera del grupo: ha duplicado sus suscriptores y disparó su EBITDA ajustado un 86% el último año. Gracias a esto, el EBITDA global de la compañía logró situarse en los 6.580 millones en 2025. En la práctica, los satélites están subsidiando el pozo sin fondo que supone la IA, especialmente tras la compra de xAI en febrero de 2026. Esta división por sí sola ya registró unas pérdidas operativas de 6.350 millones el año pasado, hundiendo los balances generales en los números rojos.

El espejismo de los minoristas frente a las OPV

Musk planea reservar una porción del pastel para inversores minoristas a través de plataformas como Robinhood o SoFi, prometiendo precios de entrada supuestamente ventajosos. Sin embargo, la historia reciente advierte de que el inversor de a pie rara vez hace caja en este tipo de operaciones. Si repasamos los datos de las 50 salidas a bolsa más infladas del último lustro, en tres de cada cuatro ocasiones te habría ido bastante mejor metiendo el dinero en un fondo indexado al S&P 500. Hablamos de una rentabilidad media del 27% para los valientes que compran en una OPV frente a un cómodo 53% del índice general en los mismos periodos.

Como bien señala el trader Dennis Dick, sacar beneficio aquí es misión imposible si no estás en las fases iniciales y compras antes del toque de campana. Los retornos históricos para los que entran a lo loco en el frenético primer día de cotización son, de hecho, todavía peores.

Hay que tener un estómago de acero para justificar semejante valoración. A 1,75 billones de dólares, la ratio precio-ventas de SpaceX rozaría las 100 veces, una cifra que asusta si la comparamos con el múltiplo de 24 al que cotiza el peso pesado de la IA, Nvidia. Jay Ritter, experto de la Universidad de Florida, suele recordar que todas estas compañías con múltiplos disparatados te venden una historia de futuro brillante y espectacular, pero las cosas siempre pueden torcerse. Sí, ha habido recientes excepciones tecnológicas vinculadas a la fiebre de la IA que han volado sobre el parqué: Astera Labs se ha disparado más de un 700% desde su debut en 2024, Arm ha subido un 400% batiendo de largo al S&P, y Cerebras aún mantiene un nada despreciable avance del 52% respecto a su precio de salida, a pesar de haber corregido un 27% desde sus máximos.

El verdadero examen para SpaceX y su relato mesiánico no será el día de su estreno, ni los fuegos artificiales de la primera semana de cotización. La incógnita que queda en el aire es si la empresa logrará aguantar el tipo en los mercados públicos, sosteniendo una valoración tan sumamente agresiva, el tiempo suficiente como para que expiren los periodos de bloqueo (lock-ups) del capital riesgo. Porque cuando esos fondos puedan por fin deshacerse de sus posiciones libremente, sabremos si el mercado sigue comprando el sueño de Marte o si se despierta de golpe.